domingo, 17 de enero de 2016

DÍA I:

Solamente había un pequeño resplandor, algo que brillaba y que los demás no veían, sólo un ojo podía alcanzarlo y que Dios diga por qué, pero era el mío.
Aquella maldita tarde en la que todo dio la vuelta, un giro de ciento ochenta grados y os voy a contar el por qué:

Era una tarde común, pues como siempre, habíamos quedado a la misma hora que todas las tardes hacíamos, a las 4:30. Ya acercándose la hora estimada, comencé a prepararme para salir a la calle, subí las escaleras, que por cierto, ese día parecía que llevaba una cadena del acero más pesado atada a los tobillos, me costó subirlas lo que nunca había tardado. Parecía que algo me estaba pasando, que algo barruntaba, no sabía el qué, pero nada bueno era.

Escuché el telefonillo sonar y claramente supuse que se trataba de que mis amigos habían venido a buscarme porque ya era la hora, pero no, observe el reloj y no era así. No podía ser cierto, pero eran las 3:27 de la tarde. ¿Cómo podía ser si yo había subido a cambiarme a las 4:15? la hora que utilizo normalmente porque justo acaba la serie que veo. Simplemente pensé que el reloj de mi casa se había parado, hasta que cogí el telefonillo y me di cuenta de que era mi padre, que siempre viene a comer a las 2 de la tarde. Nada me encajaba, era como que había perdido la noción del tiempo, como que los relojes estaban jugando conmigo. Simplemente un escalofrío recorrió todo mi cuerpo hasta que vi la cara de preocupación de mi padre y supuse lo peor. Entró corriendo a la cocina donde estaba mi madre haciendo la comida, otra cosa que no encajaba porque hasta donde a mí respectaba, ya había comido, macarrones exactamente, justo lo que mi madre estaba cocinando, otra vez.

Puse la oreja en la conversación y claramente esas caras de preocupación tenían un origen, los análisis sanguíneos que me habían hecho el jueves anterior, creo. Escuché que los médicos me habían diagnosticado Alzeheimer, como ya sabéis una enfermedad que afecta a la memoria.

Ahora lo comenzaba a comprender todo, el por qué las horas no me encajaban, el por qué me pesaba tanto el cuerpo y el por qué vi aquel resplandor. Pensé que el mundo para mí se acababa, que todo se iba a ir al garete, pero no fue así, simplemente cada día me pesó más el cuerpo y las horas cada vez encajaban menos con mi horario, con lo que habitualmente hacía y por supuesto, cada día que pasaba, me acordaba menos de todo lo que me rodeaba......

Era una tarde común, pues como siempre, habíamos quedado a la misma hora que todas las tardes quedábamos, las 4:30. Ya acercándose la hora estimada.... Un momento, ¿no os he contado esto antes?


Dedico esta historia a todas aquellas personas que estén sufriendo esta enfermedad, Alzeheimer, que sufren esta historia diariamente y que por desgracia, hoy en día, no tiene cura.
Esperemos que la medicina avance y que todas estas catástrofes humanas que nuestro mismo cuerpo nos hace se lleguen a controlar.

Os deseo lo mejor

LFF

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